Costa Norte & El Viaje a Casa
Dejé Boquerón de regreso a San Juan por la ruta norte. Paré en una playa cerca de Arecibo para una siesta en el carro. Horas de costa. De vuelta a la capital para la noche.
La ruta norte
No me devolví por el mismo camino. Dejé la esquina suroeste — Boquerón, El Poblado, el cantinero, todo — y agarré la ruta norte de regreso hacia San Juan. Se abrió distinta que la de ida. Menos autopista, más pueblos. Más del Puerto Rico de verdad que está entre los puntos turísticos.
Manejé un par de horas y el paisaje seguía cambiándome. De montañas a costa, de vuelta a montañas. Del tipo de camino donde dejas de contar el tiempo en millas y lo empiezas a contar en el color del cielo.
La playa en Arecibo
Encontré una playa en algún lado entre Arecibo y el siguiente pueblo. No famosa, no en la lista de nadie de cosas que ver. Nada más una playa que estaba ahí, y yo estaba ahí, y al mar le daba igual cualquiera de los dos.
Me estacioné. Me quedé en el carro. Me eché una siesta.
Eso es todo. Sin actuación, sin montar una foto, sin una historia que estuviera armando callado para contar después. Nada más un cuerpo que necesitaba descanso, un carro que podía dárselo, y una playa que no juzgó la decisión.
Vista panorámica de la playa cerca de Arecibo
Playa de la costa norte, con luz de tarde

De vuelta a San Juan
Me desperté y empecé a manejar otra vez. Más horas de costa y pueblitos, el camino apretándose mientras me jalaba de vuelta a la capital. Para la noche ya estaba en la ciudad. Me duché para quitarme la sal y el sueño del carro.
Sábado de noche
Probé varios lugares. Pasé por Oasis, me salté las tapas. Fui a Macarena y a un bar queer al lado y salí de los dos aburrido. Hay noches en que la energía simplemente no está donde la guía jura que va a estar, y la habilidad es no forzarla.
Terminé en Club Toxic, después en Purgatorio — un bar tipo bare que estuvo genial aunque no estuviera lleno. Del tipo de lugar donde la vibe no depende de la multitud. Conocí gente, me moví, seguí la energía a donde de verdad estaba en vez de a donde yo pensaba que debía estar.

Estar dispuesto a dejar lo que no está funcionando — esa es casi toda la práctica, honestamente.